viernes, 11 de junio de 2010

El cuerpo en el cuerpo en el cuerpo##Frei Betto : Redes Cristianas

El cuerpo en el cuerpo en el cuerpo

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Frei Betto

Adital

En la fiesta de Corpus Christi conviene recordar que hay un cuerpo dentro de un cuerpo dentro de un cuerpo. De una explosión inicial, llamada Big Bang, surgió el Universo hace ciento treinta y siete millones de años y continúa expandiéndose a una velocidad constante. Hace cien millones de años una estrella llamada supernova dio origen a nuestro sistema solar. Un trozo de ella, sin calor suficiente para ser considerada estrella, se enfrió y hoy es conocido como planeta Tierra, aunque en él haya más agua que tierra.

Sutiles combinaciones ambientales se juntaron para permitir el surgimiento de la vida en la Tierra, hace unos 35 millones de años. En su proceso evolutivo el padre-universo, que engendró la camada de hijos conocida como sistema solar, y en la cual destaca la hija Tierra, vio irrumpir, en el seno de nuestro planeta, el fenómeno vida que, en sus variadas manifestaciones, engendró un ser dotado de inteligencia y sed de trascendencia conocido como humano.

Milenios después de la aparición del hombre y la mujer -ojos y conciencia del Cosmos- aparece en Oriente Medio un predicador ambulante que, heredero de la tradición religiosa hebrea, nos revela que Dios es amor y habita en nuestros cuerpos, somos templos divinos, dotados de irreductible sacralidad.

Muchos no prestaron atención a las palabras de Jesús. Continuaron buscando la semilla fuera del árbol. No reconocieron que Dios se incorporó en nuestro cuerpo, que vive y se alimenta del cuerpo de la Tierra, que gira en torno del cuerpo del sistema solar, situado en la extremidad del cuerpo de una galaxia conocida con el bello nombre de Vía Láctea, una entre millones de cadenas estelares expandiéndose por el inconmensurable cuerpo del Universo.

El no percibir que todos somos el cuerpo místico de Cristo hace que la fe equivocada exilie a Dios fuera de su Creación, confundiendo trascendencia con deslocamiento espacial. Esa visión distorsionada favorece la perplejidad causada por la noticia de que un científico estadounidense creó vida artificial en el seno de una bacteria. Como si Dios fuese el Gran Relojero definido por Isaac Newton. Pero ¿qué importa el reloj si no marca las horas?

Estamos dotados de inteligencia para desvelar todos los misterios de la naturaleza, desde el Big Bang, comprobado en el superacelerador construido entre las fronteras de Suiza y Francia, hasta el ADN computarizado de la bacteria de Craig Venter. La confusión en que se atora la fe reside en el concepto pagano, griego, de Dios. Lo valoramos más como poderoso que como amoroso, más creador que redentor, más origen de todas las cosas que fin hacia el cual todas las cosas, sobre todo nuestras vidas, deben converger.

Los antiguos creían que sólo Dios podía cambiar la noche en día, hasta que se inventó la luz eléctrica. Sólo Dios era omnipresente, hasta que se inventó la comunicación electrónica. Sólo Dios podría provocar el apocalipsis, hasta que se inventaron las ojivas nucleares.

Dejemos de lado la concepción mecanicista de Dios. Aunque sea creada vida humana en el laboratorio la cuestión permanece igual que la que turbó la mente de Alfred Nobel cuando inventó la dinamita para romper piedras y vio su artefacto usado como arma de guerra: ¿cuál es el grado de egoísmo o de amor con que tratamos con los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano?

Somos como la vieja que en un mercado indio bajó la cabeza para buscar algo en el suelo lleno de basura. Otros la imitaron. Hasta que preguntó un joven: “¿Qué busca la señora?”. “Una aguja”. “¡Una aguja! ¡Pero si aquí en el mercado hay millones de agujas a la venta y apenas cuestan nada!”.

Muchos ya abandonaban la búsqueda cuando ella exclamó: “Una aguja de oro”. Entonces ellos volvieron a bajar la cabeza para buscar el precioso objeto. El joven hizo otra pregunta: “¿No tiene alguna idea de por dónde la perdió?”. “Sí la tengo -dijo ella-, la perdí en casa”. “¿En casa?”, replicó el joven. “¿Y nos tiene a todos nosotros aquí de tontos en el mercado?”. La vieja dijo a todos los que miraban: “Sí, busco aquí lo que perdí en casa, así como todos ustedes buscan fuera la felicidad y el amor que está dentro de ustedes”.

[Autor de "La Obra del Artista. Una visión holística del Universo", entre otrs libros. www.freibetto.org - twitter:@freibetto
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Traducción de J.L.Burguet].

* Escritor y asesor de movimentos sociais


lunes, 5 de abril de 2010

DIOS NO QUIERE EL SUFRIMIENTO

Esta reflexión de José María Castillo nos puede ayudar a desechar falsas ideas sobre el sufrimiento. Una clara explicación, como todas las de Pepe Castillo.

DIOS NO QUIERE EL SUFRIMIENTO

miércoles, 24 de marzo de 2010

CENSURA A PAGOLA

un conflicto de comunión eclesial

de la máxima envergadura

 
 

 
 

El martes salió publicada la noticia en los periódicos. La editorial PPC ha pedido a las librerías diocesanas y religiosas de España que devuelvan los ejemplares de la novena edición del libro "Jesús. Aproximación histórica», de José Antonio Pagola. Esta edición cuenta con la autorización, el beneplácito y el "nihil obstat" del obispo Juan María Uriarte, y ha permanecido durante más de una año en los almacenes de la editorial a la espera de un tiempo oportuno para llegar a las librerías.

 
 

Hace dos años, por estas mismas fechas, a propósito de este contencioso, inicié un artículo sobre la divinidad de Jesús con las siguientes palabras:

 
 

«El tradicionalismo eclesiástico español vive en la impostura. Se siente autorizado para calificar de herejía todo pensamiento católico que se mueva fuera de sus coordenadas doctrinales. El colmo de la patraña es el último caso provocado por la reacción insolente e injustificada de algunos de sus miembros, supuestamente más instruidos en las ciencias sagradas.

 
 

El motivo -o ¿la excusa, quizás?- lo han encontrado en una aproximación histórica a la figura de Jesús de Nazaret, realizada con honda pasión creyente, encomiable rigor científico e incomparable claridad pedagógica. Prejuicios de tipología diversa, y en gran medida vinculados a la deriva gnóstica de cristianismo, enturbian su mirada.

 
 

Son incapaces de vislumbrar en "el Jesús de Pagola" -por usar la expresión descalificadora de alguno de sus críticos- una divinidad sin poder, una filiación sin privilegios, un señorío sin potestad, una gloria sin armiño, un magisterio sin dogmas, un sacerdocio sin culto y una autoridad sin imperativos categóricos.

 
 

"La herida gnóstica" de su idea de Dios (J. B. Metz) intercepta inconscientemente el acceso de su precomprensión a la gloria de la carne de la Palabra que ha puesto su morada entre nosotros (cf. Jn 1, 14).

 
 

Cuando hace casi un año en el Consejo de Dirección de Iglesia Viva programamos el presente número y meses más tarde se me asignó este artículo, no podía prever ni por lo más remoto lo que hoy está pasando. Conspicuos profesores españoles de teología confunden el Jesús histórico y el Cristo de la fe; y miembros de la jerarquía de la Iglesia atisban indicios de arrianismo allí donde es metafísicamente imposible que los haya.

 
 

Lo primero es simplemente una necedad teológica que desacredita a sus autores; lo segundo, sin negar la buena voluntad de sus mentores, un proceder pastoral no conforme a la verdad del Evangelio (cf. Gal 2, 14), que confunde la fe de los sencillos».

 
 

Hoy me ratifico en lo escrito palabra por palabra, aunque entonces un buen amigo me reprochara cariñosamente el modo tan abrupto de iniciar el artículo. Es hora de abandonar los circunloquios y los lenguajes cifrados para hablar de lo que está pasando en la Iglesia. La insolencia del tradicionalismo es tal que ha llegado al extremo de desautorizar el "nihil obstat" del obispo Uriarte.

 
 

¿Quiénes lo han hecho? ¿Con qué autoridad? El atropello eclesiológico y jurídico es descomunal. La decisión tomada plantea un conflicto de comunión eclesial de la máxima envergadura, aunque los obispos españoles miren para otro lado

 
 

Actuaciones jerárquicas como éstas convierten la autoridad magisterial en un poder frío, ciego e inmisericorde, que hiere a las personas, confunde la fe y la esperanza de un número creciente de miembros de la Iglesia e impacta gravemente en la comunión eclesial.

 
 

Dentro de cien años la jerarquía eclesiástica volverá a pedir perdón por las tropelías de sus hermanos de hoy, pero será demasiado tarde, aunque quizás -¿esta vez sí?- lo haga con propósito de la enmienda.

 
 

Son expertos en calibrar la paja en el ojo ajeno y ciegos para ver el tronco que ciega el propio (cf. Mt, 7, 3-5). Y así un obispo joven y con títulos en teología y medicina puede afirmar desde el púlpito de su catedral que la muerte de un niño aquejado de cáncer es consecuencia del pecado, sin que nadie ponga coto a semejante dislate teológico que coloca en una situación bien embarazosa a la fe en el Dios de Jesucristo.

 
 

Tengo razones más que suficientes para pensar con prudencia que seguramente esta jerarquía tradicionalista hubiera llevado al mismo Jesús de Nazaret ante el Sanedrín por heterodoxo, es decir, "por no ser el Jesús de su Iglesia".

 
 

 
 

Javier Vitoria

Catedrático de Cristología de la Universidad de Deusto